Te extraño, como las aves a la primavera.
En ti nacía: la flor de mis versos, el jardín de mis sueños.
En tus labios se desdibujaban la penumbra y la luna
y la brisa amaba el poema oscuro de tu pelo.
Así, arrimada a mi pecho, como una estatua sonriente estabas.
El sol te miraba y en tus ojos pintaba la siguiente mañana.
Incendio de sal en las olas de un beso.
Laberinto de piel, torcedumbre de leño y llama.
Pareciera a veces que oigo tus pasos y estás tan lejana.
Pulsera azul, canción de amor, exuberancia de limonero
donde eran héroes mis principescos sueños
y fundía mis palabras en un horno de susurros y silencio.

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