Extraño perderme en el camino infinito de tus brazos.
Extraño el susurro indiscreto de la luna en tus labios.
De ti nacía la alegría con tu voz tocando mi oído
y mis días eran primavera columpiando mis dedos en tu pelo.
Quema el silencio de tu voz cuando la noche despierta.
Mi alma se ha dormido tras las tardes de mayo donde tus labios me tocaban.
Tu ausencia ha hecho casa y cada día arranca la lluvia,
la tormenta ardiente de mis ojos heridos de melancolía.
Mis latidos esperan sentir los tuyos inivitándolos a danzar.
Desde que no estás, el invierno hizo huelga de hambre en mi habitación.
Cómo decirte que me haces tanta falta, hasta para respirar.
Trae la luz de tu sonrisa otra vez, para darle vida a mi canción.

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